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El Familiar

El FamiliarEl mal de la noche siempre ha jugado un papel fundamental en el imaginario de los pueblos. De entre todas las figuras propias del mal hay una que se posiciona en el centro de las creencias propias del catolicismo y el judaísmo, nos referimos a Satanás, el príncipe de las fuerzas del mal para quien trabajan todos los males y horrores del mundo.

Uno de los cuentos de terror americanos en donde se habla de uno de los más importantes sirvientes del demonio, por no decir que algunos creen que es él mismo que ha adoptado forma física, es la de El Familiar. Esta creencia popular es conocida desde Venezuela hasta Argentina, con algunas mutaciones de región en región pero la esencia se mantiene.

Según la creencia, si un dueño de hacienda desea aumentar su fortuna de forma extraordinaria, más rápido y en mayor cantidad de lo que podría aumentarla trabajando de forma “normal” debe pactar con El Familiar. Esta horrible figura es nada más ni nada menos que el perro del infierno, ayudante directo de Satanás y mensajero de desgracia y fortuna engañosa que en ocasiones se presenta como un enorme perro o toro negro como la noche y de brillantes ojos rojos.

Para pactar con este personaje es necesario seguir una serie de misteriosos rituales. En primer lugar el interesado debe llevar una ofrenda de 12 huevos puestos por una gallina negra a un cruce de caminos en el que se encuentre una cruz en memoria de un alguien asesinado en el lugar, luego esperar la visita del perro a media noche y proceder con unos rezos especiales para hacer la petición de fortuna. Por último debe ofrendarse un trabajador una vez al año, que será devorado por El Familiar para mantener “la buena fortuna”.

Cuento de terror la dualidad de Esteban

Cuento de terror la dualidad de Esteban

Algo que disfruto mucho de escribir cuentos de terror es que de una situación supuestamente normal, se puede desencadenar otra absolutamente aterradora y desquiciante.

Por esa razón me gusta participar en sitios como este en el que los cuentos de terror son disfrutados por los usuarios.

Esteban intentaba por todos los medios posibles dejar el cigarrillo. No solamente porque en el edificio en donde laboraba, no se podía fumar, sino porque ya ese vicio le estaba afectando los pulmones. Un amigo suyo le recomendó que fuera a ver al doctor Salazar, reconocida eminencia en cuestión de hipnosis.

Acudió al consultorio del doctor Salazar y éste le pidió que por favor se acostara en el diván y comenzara a platicarle cuales eran sus problemas.

– Mire doctor, yo empecé con los cigarrillos desde los 13 años y como usted comprenderá, después de más de dos décadas de fumar dos cajetillas diarias, mis pulmones se han deteriorado bastante.

– El suyo amigo mío es un caso más común de lo que cree. Pero no tiene de qué preocuparse, con tan solo hacer una regresión quedará curado.

– ¿En serio? ¿Significa que en 60 minutos me olvidaré del cigarrillo para siempre?

– No es tan simple. Tenemos que programar al menos ocho sesiones de tratamiento, la regresión debe ser escalonada.

– Está bien. Comience cuando quiera.

El doctor Salazar sacó de su bolsillo un péndulo y empezó a agitarlo frente a los ojos de Esteban. Velozmente el paciente quedó perdidamente dormido. Ahí fue donde el médico aprovechó para iniciar sus tácticas de curación:

– Esteban tienes que dejar de fumar…

En ese momento el discurso del galeno fue interrumpido por una voz seca y áspera que salía del interior del paciente.

– Esteban no se encuentra en el consultorio. Me llamo Jack y si no dejas de decir tonterías te mataré.

El doctor Salazar asustado por lo que había escuchado despertó a Esteban y le preguntó:

– ¿Quién es Jack?

– ¿Jack? No había escuchado ese nombre en un largo tiempo. Pero gracias por recordármelo.

Esteban se incorporó del diván con la vista nublada y sujetó al médico por el cuello hasta que le rompió la tráquea.

Pese a toda su experiencia, el doctor Salazar no fue capaz de diagnosticar la doble personalidad (una de ellas asesina) de Esteban.

Cuento de terror luces en la sala

Cuento de terror luces en la sala

Tenía muy poco tiempo de haberme salido de casa de mis padres, pues ya a la edad de 22 años es justo que uno busque su independencia para así, ganar un poco de experiencia en la vida.

Mi apartamento era muy pequeño, pero tenía lo necesario para mí: Un baño completo, una recámara, una cocina y hasta un pequeño cuarto de lavado. El mobiliario que componía esa casa era básico y rústico. Apenas una mesita de madera con cuatro sillas y un viejo sofá que adquirí en una venta de garaje.

Eso sí, en una caja junto a la secadora, guardaba mis libros de cuentos de terror. Recuerdo que fue una tarde de miércoles, cuando tuve una experiencia sobrenatural. Fui a la cocina y saqué de la nevera un poco de jamón de pavo y algo de queso para prepararme un emparedado.

Tuve suerte porque en el paquete del pan de caja, sólo quedaban dos rebanadas (sin contar las tapas). Les quité la corteza con la ayuda de un cuchillo y les unte un poco de salsa de tomate.

Puse mi sandwich en un plato y me fui caminando hasta llegar a los pies en mi cama, donde ya me esperaba mi libro de historias de miedo.

Encendí la luz del cuarto, no sin antes regular la intensidad del foco, ya que si ésta es muy intensa, me empieza a molestar después de un rato.

Apenas había leído un par de páginas, cuando escuché unos ruidos que provenían de la sala. Salí de la pieza y pude ver con claridad que unas pequeñas luces blancas apuntaban hacia mí.

Estaba hipnotizado ante esas luces, era como si alguien me llamara telepáticamente a ellas. En mi mente no sentía temor al irme aproximando, pero sin percatarme mi cuerpo se resistía a llegar hasta ellas.

Pese a eso seguí caminando y vi que en la pared se formaba una imagen de mi persona, sólo que envejecida. Encendí la luz de pronto los ruidos y la iluminación misteriosa desaparecieron.

Un amigo me explicó que quizá tuve un viaje astral en un sueño. Más podría jurar que estaba despierto cuando eso sucedió.