La mirada penetrante

La mirada penetrante

Todos los veranos mi familia y yo vamos a casa de mis tíos que viven el campo, pues en esa época del año, se suelen reunir todos los parientes. Ya sabes, gente con la que solamente platicas una vez al año y esperas 365 días para volver a hacerlo, pues no hay nada en común, más que los lazos de consanguinidad.

Total que yo estaba sentado en la cabecera de la mesa principal, con una extraordinaria vista hacia el campo. El clima era bastante agradable y los aromas de las bebidas y los platillos aderezaban la noche de manera mágica.

Mi tía se me acercó y me dijo en tono burlón:

– Hermilo, deja ya de ver los árboles e integrante a la plática. ¿O es que acaso tienes miedo de que “pie grande” salga del bosque y te lleve?

– No tía, la verdad es que estoy un poco aburrido.

– Claro, como aquí no puedes subir a tu cuarto y ponerte a jugar los juegos de vídeo, todo te parece poca cosa. Mencionó mi tío con voz áspera.

– Déjalo, es posible que la haya visto. Repuso mi tía.

– Ya vas empezar otra vez con tus historias del terror, eso déjaselo a los escritores de novelas, las figuras procedentes de ultratumba no existen.

Sentí un tremendo escalofrío que me recorrió todo el cuerpo, al sólo oír la palabra ultratumba.

– ¿De qué mujer hablas tía?

– De una dama que debes en cuando se aparece por las noches. Yo la he visto desde hace años, pero nadie me cree. Solamente mis gatos saben que lo que digo es cierto.

– ¿Tus gatos?

– Sí, un día estaba regando las flores del jardín y mis gatitos y yo vimos la espigada figura de una mujer. Ellos ni siquiera maullaron, sólo vi cómo se les erizaban los pelos de la espalda.

– Ya mujer, vas hacer que Hermilo no pueda dormir esta noche. Mejor dale un buen pedazo de pastel, para que se le pase el susto.

Mi tía se dirigió a la mesa de postres y mientras estaba esperando mi plato, una mujer de figura desgarbada apareció frente mí y clavó su mirada como dos puñales en mis ojos. Palidecí y me desmayé. Cuando recubre la conciencia, la mujer ya no estaba.

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