La tierra maldita

cuentos de terror tierra malditaUn humilde hombre partió a tierras extrañas a una subasta de terrenos. El plan era adquirir un predio con el dinero ahorrado durante toda su vida y que después la familia viniera a reunirse con él. Extrañamente, cuando sus parientes llegaron encontraron personas trabajando por órdenes de un hacendado, y no hubo razones de su consanguíneo.

Los recién llegados, fueron tomados como peones junto a muchos otros; primero en las labores del campo, pero apenas picaron la tierra, emergió un líquido turbio coloreado de rojo, la mayoría de los trabajadores huyeron, pocos querían estar en un lugar donde la tierra sangra. Entonces el patrón ordenó la habilitación de corrales y potreros, pero apenas los animales pisaron el área, cayeron muertos sin explicación alguna. Los nuevos trabajadores también huyeron, no quisieron andar pisando suelo maldito corriendo el riesgo de terminar como el ganado. Así, a cada idea del hacendado, le correspondía una desgracia; la gente se marchaba de inmediato, los únicos que se quedaban, eran los parientes de aquel hombre desaparecido, pues no tenían a donde ir.

En un último intento por demostrar que la tierra maldita no era más que una superstición, el acaudalado hombre, movido más por el orgullo que la sensatez, levantó ahí una ostentosa construcción y se mudó junto con su familia. Ahí vivieron un verdadero infierno, paredes crujiendo como si la casa intentara desprenderse de los cimientos, puertas y ventanas azotándose contra los muros, pasos acompañado a cualquiera que se moviera por la casa, una sombra nebulosa que se trasladaba por toda la propiedad. Pronto supieron que no estaban solos, aunque el patrón se negara a aceptarlo.

Pero una noche, simplemente no pudo seguir ignorándolo, todas las paredes se estremecieron, y una sombra negra se abalanzó sobre él, cubriendo de oscuridad su cabeza por unos segundos. Luego se desvaneció, dejando al hombre tirado en el piso. En ese mismo instante, sin dar explicación a nadie, el terrateniente se marchó con toda su prole, dejando la hacienda a cargo de los desamparados que llegaron ahí buscando a su pariente.

Bajo su cuidado el lugar prosperó, en poco tiempo se volvieron ricos y poderosos, muchos aseguraron que se debía al buen manejo y cuidado de los bienes, sin embargo, el resto creía que todo era obra de artes oscuras, culpaban a los nuevos dueños de tratos con el Diablo, de pactos llenos de envidia, en los que maldijeron la tierra para quedarse con ella. Las habladurías no cesaron, pues esa sombra negra que tanto asustó al opulento no supersticioso, se paseaba tranquilamente por todos los rincones. Todo eso, porque el próspero hombre jamás confesó que enterró vivo al pobre campesino dueño verdadero de aquellas tierras, para quedarse con ellas a la mala.

La familia esperó mucho tiempo su regreso o al menos una noticia, sin saber que él estaba más cerca de lo que creían, aun protegiéndolos, a pesar de haber muerto.

 

 

    

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