Las gemelas del cementerio

Las gemelas del cementerio

Hablando con Charles una noche nos decidimos ir a una discoteca que quedaba apartada de la ciudad, de la cual habíamos oído grandes historias debido a que se había vuelto popular.

Al llegar a la discoteca en el viejo auto de mi padre nos dirigimos directamente a la barra en donde nos pedimos cervezas bien frías para comenzar la noche. A pesar de que había una música muy buena, no nos animábamos con Charles a sacar a bailar a mujeres, es por ello que seguimos tomando cervezas, hasta que en un momento se nos acercaron dos rubias que nos invitaron a bailar.

Dentro de la pista de baile tuve mucha simpatía con Ornella, que se mostraba muy simpática a bailar música de The Rolling Stones. Por su parte Charles ya había comenzado a besar a Roxana rápidamente, algo que me sorprendió que no lo rechazara.

Luego decidimos ir a otra parte más tranquila, por lo que al salir de la discoteca Ornella me dijo que ella quería conducir para llevarnos a un lugar en donde nos divertiríamos. Mi borrachera y mi debilidad frente a esa bella mujer no me dejó imponer resistencia a sus exigencias, por lo que accedí a darle las llaves del automóvil de mi padre.

En el viaje vi que nos arribamos a la carretera, y que nos conducimos a una enorme mansión, en donde al entrar a la misma no fuimos a la casa principal, sino que nos dirigimos a una cabaña que se encontraba a las afueras de la enorme casa. Una vez que entramos allí sucedieron cosas que aún no puedo recordar.

Al despertar al día siguiente me di cuenta que estaba dormido sobre una superficie muy helada, que al parecer era mármol. Me levanté y no encontré a Ornella, aunque pude ver a Charles muy cerca de mí también tirado sobre el suelo, al acercarme a él lo vi con espuma en la boca y fallecido, ya que no emitía ningún signo vital. El lugar en donde me encontraba era muy diferente al cual había accedido, debido a que había una reja en la puerta, por lo que al salir de allí me di cuenta que se trataba de un mausoleo, y que estábamos dentro de un cementerio. Al volver a entrar me di cuenta con el hecho de que estaba durmiendo sobre la tumba de Ornella, y que mi amigo Charles había muerto sobre la tumba de Roxana. Lamentablemente la policía no me creyó mi relato, por lo que tuve que pasar mucho tiempo en prisión.

El duende en el escritorio

Federico llegó puntual a su cita de los jueves a las cuatro de la tarde. Su psiquiatra ya lo estaba esperando como era costumbre.

– Pase por favor.

– Sí, enseguida doctor muchas gracias.

– Y cuénteme, ¿cómo se ha sentido con las medicinas que le mandé? – Preguntó el galeno.

– Para serle franco, suspendí las pastillas al segundo día de comenzármelas a tomar, pues en lugar de sentirme mejor me dio un insomnio terrible.

– Pero, ¿por qué tomó esa decisión sin consultarme? ¿Qué no sabe que haciendo eso lo único que logrará es que sus alucinaciones se hagan más recurrentes? – Explicó el médico.

– Se equivoca doctor, mi sufrimiento no se basa únicamente en delirios ni alucinaciones. Yo veo claramente a un duende que me incita a hacer cosas malas. Inclusive hay veces que me ha pedido que mate a varias personas que se han cruzado por mi camino.

– Otra vez con la historia del duende, cálmese por favor don Federico. Eso solamente pasa en leyendas de terror o en los cuentos de horror. Si realmente desea que lo ayude, lo primero que debe hacer es alejar esas ideas de su mente y seguir mis indicaciones al pie de la letra.

– Veo con tristeza doctor que usted no entiende. Es más, ahora mismo ese pequeño ser está sobre su escritorio meneando la cabeza.

– ¿Dónde, dónde está, dígame dónde está? Está bien, por lo menos cuénteme que le está diciendo. – Replicaba el psiquiatra en tono burlón.

– Dice que usted va a morir muy pronto.

En cuanto Federico terminó de decir esa frase, una pluma se posó sobre una hoja de papel y escribió: ¡DE MÍ NADIE SE BURLA!

El médico no daba crédito a lo que sus ojos estaban observando. Se sentó de golpe en su sillón y miro aterrorizado como el abrecartas se dirigía a su cuello. Con un movimiento rápido aquel instrumento lo degolló. Acto seguido una nueva oración apareció en el papel: SE LO DIJE.

Sombras en el jardín

Sombras en el jardín

Si había algo que le encantaba Nicolás era jugar a las “sombras” en el jardín trasero de su casa. Su padre había instalado un gran sistema de reflectores que iluminaban las parcelas posteriores. En ese sitio se sembraba toda clase de frutos y legumbres.

Al estar las lámparas ubicadas tan alto, las sombras que proyectaban eran perfectas para esconderse sin ser detectado. Nicolás jugaba a las escondidillas junto con su hermana menor.

– Mari Carmen, tú te esconderás primero y yo trataré de encontrarte antes de que pasen cinco minutos.

– Está bien Nico.

El niño contó hasta 10, mas no empezó a buscarla hasta que ella le gritó fuertemente “ya”. Primeramente decidió buscar en los lugares en los más fáciles, sin embargo, no encontraba por nada del mundo a la pequeña. Así estuvo hasta que de momento observó una pequeña sombra detrás de un poste de madera.

– Te encontré, perdiste. No obstante, velozmente se percató que lo que estaba detrás de ese poste, no era su hermana sino un pequeño muñeco de trapo que tenía el rostro pintado con marcador permanente.

La forma en que tenía dibujados los ojos y la boca, le recordaron a los monstruos que aparecen en los cuentos de terror cortos. Lo recogió del suelo, y cuando encontró a su hermana decidieron entrar a su casa, para preguntarle a sus papás si sabían de quien era ese muñeco tan extraño.

– Mira papá, encontramos a este juguete tirado allá afuera.

El hombre miró al muñeco con una actitud bastante sospechosa y balbuceando preguntó:

– ¿Dónde dices que lo hallaron?

– Detrás de aquel poste de madera, junto a un agujero de tierra.

– No puede ser, si yo no enterré lo más profundo que pude. Murmuró el padre en voz baja.

Les dijo a los niños que se quedaran allí, mientras él se encargaba del muñeco. Empuñó una escopeta y salió. Enseguida se escucharon varias detonaciones. Luego el hombre entra a su casa y exclamó enérgicamente:

– No quiero que le digan de ni una palabra de esto a su mamá ¿entendido?

– Si papá.

Hasta el día de hoy no me había atrevido a contar esta historia, pero mi psicólogo me dijo que era bueno externar las cosas que nos alternan.

Las farolas

A lo largo de mi vida he escuchado centenares de leyendas de terror, algunas de ellas me las han contado mis familiares y otras mis amigos y conocidos. Ahora mismo se me viene a la cabeza algo que supuestamente ocurrió un día como hoy, sólo que hace 14 años en un viejo salón de fiestas que se ubicaba a unas 10 cuadras de mi casa. Sigue leyendo

Leyenda de la Xtabay

Leyenda de la Xtabay

Se cuenta, que en un pueblo de la Península de Yucatán vivían dos mujeres. Una apodada Xkeban (pecadora) y la otra Utz-Colel (mujer buena). Ambas de belleza excepcional; pero la Xkeban despreciada por regalar su amor a los hombres y Utz-Colel, apreciada por su virtud y rectitud.

A pesar de sus pecados, Xkeban era de buen corazón, socorría a los desamparados, curaba a los enfermos y cuidaba animales viejos, despojándose de los regalos de sus enamorados. Utz-Colel, por su parte, era rígida y dura de carácter y despreciaba a los humildes o enfermos.

Un día, encontraron el cadáver de Xkeban, el cual despedía un hermoso perfume. Utz-Colel se burló, diciendo que aquello solo podía ser cosa del Demonio, para seguir provocando a los hombres aun después de la muerte. Al día siguiente, del entierro de Xkeban, su tumba estaba cubierta por flores hermosas y de delicado perfume. En cambio cuando murió Utz-Colel, su tumba despedía un hedor intolerable y le crecía un cactus lleno de espinas.

La flor que nació de la tumba de Xtabay se llamó Xtabentún, una humilde y bella flor silvestre. Su néctar el igual de embriagador como lo fue el amor de Xkeban. Por su parte Utz-Colel se convirtió en la flor de Tzacam, un cactus espinoso del que brota una flor, es hermoso, pero de olor desagradable y al tocarla es fácil punzarse.

Convertida la falsa mujer en la flor del Tzacam tuvo tiempo de reflexionar y envidiar a Xkeban, pensando que todo lo bueno ocurrido a ella fue por entregarse al amor. Sin caer en cuenta que en realidad todo se debía a bondad de su corazón. Llamando en su ayuda a los malos espíritus, Utz-Colel consiguió la gracia de regresar al mundo cada vez que lo quisiera, convertida nuevamente en mujer, para enamorar a los hombres e imitar a Xkeban.

Fue este hecho el que diera origen a la mujer Xtabay una de las leyendas indigenas mexicanas más conocidas. Esta encantadora fémina, surge del Tzacam y peina su larga cabellera bajo las ceibas, esperando un hombre al cual encantar, seducir y enamorar, para que este la siga hasta sus dominios donde al fin los asesina en el frenesí de un amor infernal.
Los cuerpos destrozados de esos incautos enamorados aparecen al día siguiente con las más horribles huellas de rasguños, de mordidas y con el pecho abierto.


La niña del rio

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En aquellos tiempos la gente se levantaba de madrugada para caminar largos tramos hasta su lugar de trabajo y empezar bien temprano. Así lo hacía Don Miguel, que para llegar hasta el campo de la hacienda, tenía que cruzar el rio. Fue ahí donde una de tantas madrugadas, cuando el sol no había aun clareado, divisó una niña parada a orillas del cuerpo de agua. El hombre se acercó para ofrecerle ayuda, pero la pequeña simplemente desapareció ante sus ojos.

Esto le pasó por más de cinco días seguidos, y decidió compartirlo con la cocinera de la Hacienda, la vieja se santiguo, pero también le dijo a manera de consejo: -¡Háblele al ánima! Don Miguel, quien quita y lo lleva al enterradito”-. Pues en aquellos tiempos se creía que los aparecidos marcaban los lugares donde habían enterrado algún tesoro. Sigue leyendo

Nonato

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Un nonato, es aquel que no nace aun, o que no ha nacido de una mujer de forma natural, sino que ha sido sacado del vientre de la madre. Así sucedió durante un caso de tráfico de menores, en un antiguo hospital, un par de doctores sin escrúpulos, decidieron quitarle la vida a una mujer y abrirle de tajo el vientre, pues los compradores ya estaban esperando con dinero en mano.

De este tipo de prácticas se había enterado ya la policía, y justamente ese día, entraron al hospital para realizar una redada. La pareja que acababa de recibir al niño entró en pánico, y se deshicieron de las evidencias echándolo por los ductos de ropa sucia que daban al sótano. Sigue leyendo

La niña del pozo

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Los chicos más grandes, decían que en el pozo del patio trasero del internado, rondaba el espíritu de una niña que cayó accidentalmente en el. Por tal razón, nadie se acercaba a dicho lugar, y también gracias al gran árbol de espeso follaje que impedía que entrara la luz del sol haciendo que aquel rincón pareciera más oscuro de lo que en realidad era.

Para molestar aun mas a los pequeños, decidieron un día tomar a un grupo de ellos a mitad de la noche y llevarlos como compañeros a una invocación. Se sentaron alrededor del pozo, iluminados solamente por unas velas, y llamaron al espíritu. Sigue leyendo